La publicidad ha evolucionado de manera impresionante desde sus albores allá por el siglo XIX, donde sólo se pegaban carteles con las principales ventajas del producto que se estaba ofreciendo; sin embargo, la creatividad no sólo de publicistas sino también de productores ha permitido que ahora se trate de todo un espectáculo visual en donde muchas veces ni siquiera se menciona el producto como tal, pero que tiene una gran efectividad entre los consumidores.
En el caso de productos que pueden ser nocivos para la salud como lo es el alcohol, las leyes en materia de publicidad se han vuelto muy estrictas, con restricciones como la prohibición de mostrar en televisión la apertura de una botella o que se sirva en un vaso la bebida.
Pero esto, en vez de ser una limitante, permitió que la mente de los creativos se echara a volar y pasara de simples anuncios donde se delimitan las bondades del producto, a comerciales conceptuales que se quedan en la mente de los espectadores por mucho tiempo.
Smirnoff es una marca de vodka que ha tomado lo anterior en cuenta y, por lo tanto, no escatima en gastos si de publicidad en anuncios se trata y, en esta ocasión, se valió del director francés Michel Gondry para narrar toda una historia de acción en un minuto.
El producto de esta increíble colaboración es el comercial titulado Smarienberg de 1997, donde conjunta el drama, la persecución, el amor y hasta conflictos internacionales unidos por un excelente montaje. En él, se muestran seis escenarios donde ocurre la acción: un bar, un cuarto de hotel, un barco, un tren, el desierto y finalmente un callejón obscuro, todos ellos unidos por las transiciones que se realizan través de la botella de Smirnoff, dando la sensación de ser un plano secuencia muy bien hecho.
La música que lo acompaña es un marcador de estilo de acción, ya que es muy rápida, de persecución, lo que le da al espectador la sensación de adrenalina pura, todo esto acompañado de anafonías kinécticas de los ambientes, como el sonido del mar o el tren.
Los colores, tanto de los escenarios como de la vestimenta de los protagonistas son coloridos, lo que da la sensación de mayor movimiento por ejemplo en el verde del vestido de la protagonista.
Todo ello hace que el minuto con once segundos que dura tanto el anuncio como el producto se quede en la mente del espectador, por lo que resulta ser muy efectivo como publicidad.